Seguro que has visto alguna película de Woody Allen, en la que interpreta un personaje que padece algún síntoma de hipocondría. Por si aún tenías dudas, Woody Allen tiene el perfil característico de hipocondríaco en la mayoría de sus películas. No solo es miedo a tener una enfermedad, va mucho más allá. Freud hablaba incluso del enamoramiento de la propia enfermedad.

Lo que sí tenemos claro es que tu hipocondría te genera una ansiedad constante, una terrible sensación de peligro inminente, una hipervigilancia ante cada mínimo síntoma corporal, por leve que sea. Puedes pasarte horas buscando información en Internet, recurriendo constantemente al “doctor Google” para saber cuál puede ser el origen de cualquier malestar que sientas, creyendo más probables aquellas informaciones que apuntan a enfermedades graves.

Igual que Woody, por ejemplo, en “Hannah y sus hermanas” acudes a médicos habitualmente en busca de un diagnóstico certero, pero nada. En esta película Woody Allen interpreta a Mickey, el exmarido de Hannah, un hipocondríaco en busca del sentido de la vida que incluso abandona su trabajo tras creer que padece un tumor mortal.

Te aseguran que estás sano, pero no te fías, estás convencido de que padeces algo incurable. Al principio tu familia y amigos se preocupaban, temían como tú que estuvieras enfermo. Pero con el tiempo has empezado a notar que tus quejas parecen molestarles. Incluso te tachan de aprensivo y alarmista.

Te sientes al mismo tiempo preocupado e incomprendido, con una sensación de ansiedad que, a veces, puede llegar a limitar tu vida. Empiezas a pensar que nunca vas a poder salir de la situación en la que te encuentras y te sientes aterrado ante esa posibilidad.

No te alarmes. La hipocondría puede tener solución, pero es necesario recurrir a terapia psicológica. Nos estamos refiriendo a un proceso de acompañamiento y tratamiento profesional donde se apoya al paciente, dándole cobertura a los problemas que plantea y buscando una solución personalizada para ellos.

¿Qué es la hipocondría?

«Esta mañana estaba muy contento pero no lo sabía». Así comienza la trama de “Hanna y sus hermanas”, todo un alegato sobre el sentido de la vida.

La hipocondría se caracteriza por una preocupación, constante y excesiva, por la propia salud y el riesgo de sufrir una enfermedad. Se basa en una mala interpretación de los signos y sensaciones corporales, que puede llegar a interferir significativamente en la vida familiar, social y laboral del paciente.

Aunque sentir miedo por una posible enfermedad es algo natural en el ser humano, el problema aparece cuando este temor es muy intenso, prolongado, duradero o se convierte en desproporcionado de acuerdo con nuestro estado de salud y los diagnósticos que los médicos nos proporcionan. Pero, sobre todo, cuando empieza a afectar a nuestra calidad de vida.

Síntomas de la hipocondría.

Según Antonio Cano, presidente de la Sociedad Española del Estudio para la Ansiedad y el Estrés y catedrático de Psicología de la Universidad Complutense «el 28,8% de las personas que acuden a las consultas de Atención Primaria tiene somatizaciones. De ellas un 1% podría ser hipocondríaca«

Aunque los síntomas de la hipocondría pueden alternar y cambiar dependiendo de las particularidades de cada caso, estos son los más habituales:

¿Cómo manejar la hipocondría?

En la hipocondría, el origen de nuestros miedos somos nosotros mismos y nuestro cuerpo, por lo que puede resultarnos complicado tomar distancia de este problema. Si no dejamos de dirigir nuestro foco de atención hacia nuestras sensaciones corporales, se puede desencadenar un círculo vicioso en el que los síntomas, el miedo y la ansiedad se retroalimenten.

Existen diversos métodos para gestionar y controlar la hipocondría. Un buen ejemplo es la terapia cognitiva conductual (TCC), un tipo de psicoterapia que es de gran ayuda y comprobada eficacia para manejar sus síntomas y evitar que se cronifique. O bien EMDR, un abordaje psicoterapeútico en el tratamiento de las dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida de las personas, desde fobias, ataques de pánico, muerte traumática y duelos o incidentes traumáticos en la infancia.

Pero debemos ser conscientes de que cuanto antes se cuente con ayuda profesional cualificada, más cercana se tendrá la recuperación. Si crees que tienes hipocondría, o conoces alguien que la pueda sufrir, es necesario recurrir a terapia. Este gran paso te ayudará a identificar y corregir esas conductas que te generan infelicidad y, por lo tanto, a aumentar tu calidad de vida.

Woody Allen iba a terapia en sus películas. Puedes hacer como él y buscar solución a tus problemas. Si es así o simplemente quieres informarte sobre nuestras terapias, ponte en contacto con nosotros. Nos puedes localizar en el teléfono 659292692, en el correo contacto@garnelopsicologia.com o a través de nuestra página web. Estamos para ayudarte.