La Terapia Gestalt es un tipo de psicoterapia perteneciente a la Psicología Humanista que se centra en el desarrollo personal y en la recuperación de la capacidad de vivir el presente, así como en la toma de conciencia y en la responsabilidad. Pone el foco más en los procesos que en el contenido en sí, dándole importancia a lo que sucede en la actualidad y no a los momentos del pasado.

Aumentando la conciencia de la persona sobre sí misma, con el fin de que se produzca un cambio, la Terapia Gestalt integra pensamiento y emoción, facilitando un proceso de maduración y ejerciendo la propia responsabilidad sobre las respuestas que se dan a diversas situaciones. De este modo, permite conocer los patrones relacionales, pensamientos y comportamientos que bloquean la conciencia presente y llevan a situaciones de infelicidad.

Su principal objetivo es ayudar al paciente en su problemática, haciéndole más consciente de cómo ha llegado hasta el punto en el que se encuentra y devolviéndole la capacidad de elegir que opción quiere tomar para afrontar la vida.

Es una terapia muy utilizada tanto para el tratamiento de trastornos de ansiedad, depresión, autoestima… como para aliviar los efectos físicos que estos problemas pueden generar.

Orígenes de la Terapia Gestalt.

La palabra «Gestalt» deriva del alemán y se puede definir como forma, estructura, configuración o totalidad, como un todo unificado, propiedades que no pueden ser derivadas de la suma de sus partes.

La Terapia Gestalt nace en el año 1942, con la publicación del libro “Ego, Hunger and Aggression: A Revision of Freud’s Theory and Method”, escrito por el matrimonio compuesto por Fritz Perls, psiquiatra y psicoanalista, y Laura Perls, psicóloga.

Pero es en 1951, con la publicación de “Gestalt Therapy: Excitement and Growth in the Human Personality”, escrito por Paul Goodman y el catedrático de psicología Ralph Hefferline a partir de un manuscrito de Fritz Perls, cuando realmente se establecieron las bases fundamentales de la terapia Gestalt.

Desde este momento, la terapia Gestalt pasa de ser un modelo de pensamiento individualista a un modelo de campo, en donde el concepto de holismo ya no solo se refiere a la unidad cuerpo-mente, sino que incluye al entorno. Por lo tanto, el objeto de la psicología y de la psicoterapia ya no es una psique ni un sujeto, sino la experiencia de la persona.

Objetivos de la Terapia Gestalt.

La Terapia Gestalt tiene el objetivo de aumentar el autoapoyo, sobre la base de aumentar la conciencia del individuo en la responsabilidad que tiene en su propio bienestar.

Los seres humanos percibimos todo lo que nos ocurre como una experiencia unificada, nuestra idea de lo que es el futuro y el pasado no son más que proyecciones de cómo vivimos el presente. Por este motivo, la Terapia Gestalt le da gran importancia al aquí y ahora, al momento presente. Trabajando la manera de pensar el presente, interviene la manera que se tiene de plantear los acontecimientos que sucederán el futuro y en el modo en el que revisamos el pasado.

También se centra en la atención y aceptación de la experiencia, ya que tiene una profunda relación con el momento presente. Esta toma de conciencia de los propios actos y estilos de experimentar las cosas implica asumir las consecuencias de esas opciones. De esta manera, la responsabilidad en terapia Gestalt se convierte en algo básico, buscando que la persona primero se responsabilice de lo que hace y lo que siente, es decir, de lo que vive a través de su experiencia.

Una vez que el individuo es capaz de responsabilizarse de sí mismo, tomando conciencia, es capaz de cambiar y tomar las riendas de su vida. Lo hace espontáneamente, potenciando todos los recursos con los que cuenta para afrontar sus circunstancias.

Una de las técnicas que se emplean en la Terapia Gestalt es la técnica de la silla vacía o la silla caliente. Se trata de una técnica creativa que consiste en hacer dialogar a las distintas partes opuestas del individuo, y así conectar las que rechazamos o a las que más nos cuesta acceder.

Es una técnica muy útil para integrar las polaridades, cuando nos identificamos con una polaridad o una característica concreta omitiendo la característica opuesta.

Por ejemplo, “Amabilidad – Agresividad”: si soy amable no me permito decir que no y pierdo asertividad.

En dicha técnica ambas sillas están colocadas una enfrente de otra y cada una de las partes se encuentra en una silla. Se trata de ir creando diálogos entre las dos partes polarizadas, definiéndolas para reincorporar a nuestra personalidad aquellas que teníamos más desconectadas.

¿Quién puede beneficiarse de la Terapia Gestalt?

La Terapia Gestalt está indicada para cualquier tipo de persona independientemente de su edad, siendo es un enfoque psicoterapéutico efectivo para tratar:

También conviene subrayar que la Terapia Gestalt no solo es un recurso cuando se padece un trastorno psicológico, ya que es muy utilizada por personas que desean conocerse mejor para favorecer su crecimiento personal.

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