La Terapia Cognitivo-Conductual es un tipo de psicoterapia cognitiva que se centra en la vinculación del pensamiento y la conducta. Combinando técnicas de reestructuración cognitiva, de entrenamiento en relajación y otras estrategias de afrontamiento y de exposición, es utilizada para cambiar distorsiones cognitivas y comportamientos. Su objetivo es el de optimizar la regulación emocional y desarrollar estrategias de afrontamiento personales para la resolución de problemas.

En otras palabras, la Terapia Cognitivo-Conductual se enfoca en aprender a identificar y cambiar patrones de pensamientos, creencias o actitudes, que tienen una influencia negativa en el comportamiento y las emociones, para transformarlos en positivos.

Una de sus principales características de la Terapia Cognitivo-Conductual es que se centra en problemas y dificultades del “aquí y ahora”, con el fin de encontrar soluciones para mejorar el estado de ánimo de una persona en el momento presente.

Además de contar con una eficacia científicamente comprobada en diferentes tipos de intervención, este tipo de terapia se adapta a una gran variedad de necesidades y trastornos de salud mental, como la depresión, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o trastornos de la alimentación. Incluso es una herramienta muy eficaz para ayudar a cualquier persona a aprender cómo manejar las situaciones estresantes de la vida.

Orígenes de la Terapia Cognitivo-Conductual.

La Terapia Cognitivo-Conductual nace a partir de la fusión de las terapias conductistas y las que se derivan de la Psicología Cognitiva.

Por un lado, el conductismo sirve como ejemplo de metodología exhaustiva y muy ceñida a los preceptos del método científico, lo cual permite valorar objetivamente los progresos que se van haciendo durante la terapia.

Por el otro, la Terapia Cognitiva enfatiza la necesidad de no renunciar a la consideración de los procesos mentales inobservables directamente, ya que gran parte de la utilidad de una terapia recae en el bienestar subjetivo de los pacientes y este factor no tiene por qué poder ser registrado a través del puro análisis de la conducta.

Fue en la década sesenta cuando Aaron Beck desarrolló el sistema de psicoterapia llamado terapia cognitiva, por lo que se le considera el padre tanto de la terapia cognitiva como de la Terapia Cognitivo-Conductual. Con el tiempo, la Terapia Cognitivo-Conductual llegó a ser conocida no solo como una terapia, sino como un término general para todas las psicoterapias basadas en la cognición.

Objetivos de la Terapia Cognitivo-Conductual.

La Terapia Cognitivo-Conductual tiene entre sus objetivos la modificación de las cogniciones (lo que pensamos) para cambiar los afectos (lo que sentimos) y la conducta (lo que hacemos). Apunta a la modificación de los sentimientos negativos, dañinos, o a aquellos que no son adaptativos, con el fin de generar unos sentimientos y conductas más positivas. Fundamentada en el reconocimiento de creencias irracionales, distorsiones cognitivas y pensamientos automáticos como generadores de los trastornos psicológicos.

Trata de entender el problema del paciente desglosándolo en partes más pequeñas. Esto le ayudará a ver y comprender en qué manera estas partes están conectadas entre sí y cómo le afectan. Dichas partes pueden ser una situación, un problema o cualquier hecho difícil para la persona.

De este problema se derivan pensamientos, emociones, sensaciones físicas y comportamientos. Cada una de estas áreas no es independiente de las demás, sino que están interrelacionadas: los pensamientos sobre un problema pueden afectar a cómo se siente el paciente física y emocionalmente. De este modo, la fusión hará que se pueda alterar nuestra conducta. La Terapia Cognitivo-Conductual encuentra, de esta manera, soluciones a problemas concretos.

Por lo tanto, la Terapia Cognitivo-Conductual ofrece a la persona las estrategias, recursos y herramientas personales para lograr resolver sus problemas con autonomía.

¿Quién puede beneficiarse de la Terapia Cognitivo-Conductual?

La Terapia Cognitivo-Conductual puede ser aplicada prácticamente en todas las edades y ha demostrado gran eficacia tratando los siguientes trastornos psicológicos:

Además, también es útil para personas sin un diagnostico de salud mental, ya que ayuda a gestionar mejor las situaciones estresantes de la vida, como crisis vitales, conflictos de pareja, malestar emocional, dificultades escolares o laborales o falta de habilidades sociales

¿En qué consiste la Terapia Cognitivo-Conductual?

La Terapia Cognitiva-Conductual suele centrarse en problemas específicos, utilizando un enfoque con objetivos determinados a través de una terapia estructurada, que incluye los siguientes pasos:

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