Los ataques de pánico suelen comenzar de forma súbita, sin advertencia, provocando una situación de miedo intenso y pudiendo afectar, de manera significativa, nuestra calidad de vida.

Un claro ejemplo es el de Javier, asesor de empresas que experimentó por primera vez uno de estos angustiosos episodios un día como cualquier otro, mientras trabajaba en su oficina. Estaba tranquilamente sentado delante de su ordenador cuando sintió una sensación extraña, parecida a una opresión en el pecho. En un primer momento se asustó, pero intentó no darle mayor importancia y trató de concentrarse en el informe que estaba realizando. Sin embargo, comenzó a apoderarse de él un intenso miedo, algo difícil de explicar, era como si fuese a ocurrir algo terrible.

Empezó a preocuparse seriamente, estaba muy tenso, el corazón le iba a cien por hora, respiraba más rápido de lo normal y estaba incluso algo mareado. Se levantó precipitadamente y fue al cuarto de baño para no tener que disimular su malestar ante sus compañeros, pero cada vez se sentía peor y más atemorizado. Se mojó la cara para despejarse, pero mientras se veía reflejado en el espejo se sentía completamente indefenso e impotente. No sabía que hacer para encontrase mejor, para no perder el control. Así que finalmente le pidió a su socio que le llevara a urgencias al hospital más cercano. Allí le informaron que todo lo que sucedía era que había sufrido un ataque de pánico. Era la primera vez que escuchaba ese término.

¿Qué es un ataque de pánico?

Un ataque de pánico, según el Manual Diagnóstico DSM-5, es un episodio que se caracteriza por la aparición de miedo y angustia muy intensos, acompañados de síntomas físicos como taquicardias, dificultad respiratoria, mareos, sensación de hormigueo, náuseas… Se presenta de forma repentina sin que aparentemente exista ninguna causa y puede estar acompañado de una sensación de peligro o muerte inminente y de una urgente necesidad de escapar.

Cuando nuestra mente percibe un estímulo amenazante, activa una respuesta adaptativa para informar que algo nos pone en peligro. Con esa alarma, se disparan los mecanismos fisiológicos característicos, cómo el aumento de la frecuencia cardíaca, respiración acelerada, tensión muscular… Pero en un ataque de pánico no identificamos ningún estímulo que haya desencadenado la respuesta de miedo, tan solo tenemos constancia de los síntomas, el miedo y la pérdida de control sobre la situación. De repente y sin previo aviso, las sensaciones terribles y el miedo extremo se apoderan de nosotros.

Una de las características principales de los ataques de pánico es que se desarrollan conductas de evitación de las situaciones en las que se anticipa que se puede desencadenar un ataque. Se desarrolla “el miedo a volver a padecer miedo”, es decir, se tiende a anticipar próximos ataques y a vivir en un estado de alerta continuo que propicia la aparición de nuevos ataques de pánico. De este modo, la persona que los sufre va a reduciendo sus actividades cotidianas, hasta llegar incluso a recluirse en casa, único lugar donde se siente segura.

¿Cómo actuar ante un ataque de pánico?

Una vez que hemos identificado lo que es un ataque de pánico y los síntomas que produce, podremos empezar a poner en marcha una serie de pautas y herramientas que nos ayuden a controlarlo si se repite. Reconocer e identificar que lo que nos está ocurriendo es debido a la ansiedad, nos ayudará en gran medida a reducir los síntomas. Sobre todo es importante saber y recordar que, por muy extremas que sean las sensaciones, nadie se muere de un ataque de pánico.

Además de saber detectar un ataque de pánico, cuál es su funcionamiento e intenta normalizar lo que nos está está ocurriendo, debemos recordar que un ataque de ansiedad tiene duración limitada. Aunque nos parezcan una eternidad, los síntomas más desagradables duran apenas unos minutos. Llegará un punto en que la ansiedad no va a subir más, por lo que únicamente va a disminuir. 

Centrarnos en cómo nos late el corazón o cómo nos tiemblen las manos en ese momento hará que nuestras sensaciones se intensifiquen, incrementando a su vez el miedo y los síntomas que nos acompañan. Por lo tanto, debemos intentar desviar la atención ante algo distinto de forma que nos ayude a no prestar atención a estas desagradables sensaciones. Es muy aconsejable intentar centrar nuestra atención en respirar normalmente. De esta manera cambiaremos nuestro foco de atención hacia algo distinto del ataque. Basta con coger aire profundamente y soltarlo poco a poco, manteniendo todo lo que podamos la calma y tranquilidad.  

Y después del ataque de pánico, ¿qué hago?

Los ataques de pánico o ansiedad no solo generan un malestar significativo, sino que pueden ocasionar diferentes consecuencias en la vida de quien los padece como ansiedad anticipatoria, conductas de evitación, agorafobia, aislamiento social, fobias, problemas de autoestima, hipocondría e incluso depresión. Por esta razón es importante que ante el primer ataque de pánico acudamos a un psicólogo especializado en trastornos de ansiedad, ya que el tratamiento será mucho más rápido y eficaz. Él te dará las herramientas y estrategias necesarias, para tu caso particular, con las que podrás superar los motivos y efectos de tu ansiedad.

¿Sufres ataques de pánico?

Si experimentas súbitamente terror, con sensaciones corporales como taquicardia, sensación de ahogo, miedo intenso a morir, sin que exista ninguna circunstancia externa que lo origine, es posible que estés padeciendo ataques de ansiedad. Si tienes alguna pregunta, necesitas comprender que te sucede o quieres informarte sobre las terapias para afrontarlo, ponte en contacto con nosotros a través del siguiente formulario: