“La Futurofobia es ese malestar psicológico que nos hace sentir que todo lo que está por venir va a ser peor que lo que ya tenemos.”

Vivimos en una crisis continua, siempre preocupados por lo que está sucediendo y por lo que todavía está por venir. Crisis climáticas, sanitarias y económicas marcan nuestro día a día y dibujan un futuro desesperanzador, en el que es difícil pensar sin sentir una frustración paralizante. Desde hace ya años la palabra crisis parece marcar nuestros destinos y nos hace sentir que no hay motivo para el optimismo.

Así como los llamados “baby boomers crecieron bajo el paradigma del progreso, todo parece indicar que el pesimismo se está convirtiendo en una de las principales señas de identidad de las nuevas generaciones. No es de extrañar, resulta muy complicado tener un relato esperanzador cuando cualquier intento de mirar al futuro se topa con el velo del desastre climático, energético, demográfico, económico, sanitario… Y mucho menos si el mercado laboral no te permite hilar tu pasado con tu presente ni con tu futuro.

Esto es un verdadero problema, porque no estamos hablando de una reacción emocional individual, ya que todos podemos sentirnos desencantados o desafectados en un periodo de nuestra vida, sino de un sentimiento colectivo al que llega una generación o incluso una sociedad.

Esta sentimiento de desencanto, de vivir asomados al abismo que consume a una parte importante de las generaciones, que miran el futuro atrapadas entre el apocalipsis y la nostalgia, es lo que el periodista Héctor García Barnés ha denominado ‘Futurofobia’ en su último libro.

¿Está afectando la futurofobia a nuestra salud mental?

Los problemas sociales pueden generar una profunda falta de esperanza y acabar con la visión optimista del futuro, haciéndolo ver como algo peligroso del que se puede esperar cualquier cosa. No conocemos nuestro porvenir, pero nos asustamos y sufrimos por adelantado por el simple hecho de no saber lo que nos espera. Esto paraliza e inhabilita nuestro presente. El miedo al futuro puede causar incluso más molestias que la posible situación de la que se huye anticipadamente. Esta percepción nos inmoviliza y nos impide imaginar escenarios alternativos.

Tanto la ansiedad como la depresión suelen basarse en distorsiones cognitivas, es decir, interpretaciones irracionales de la realidad que generalmente están centradas en el futuro. Un claro ejemplo es la anticipación de catástrofe, un sesgo cognitivo que nos lleva a imaginar los peores escenarios posibles, lo cual nos conduce a alimentar una serie de creencias irracionales que terminan afectando nuestras actitudes, comportamientos y decisiones.

Al mismo tiempo, esta tendencia generalizada al pensamiento catastrofista, al conformismo, a sentir un miedo inespecífico ante el mañana y la sensación continua de no tener tiempo son síntomas comunes de un trastorno de ansiedad colectiva.

Consecuencias de la futurofobia.

Una principales características de la futurofobia es la sensación de que uno no puede influir en su entorno. De que, haga lo que haga, las cosas no mejorarán. Un irrevocable miedo a no imaginar un porvenir mejor. En ese estado de crisis permanente postergamos muchas decisiones y tenemos la sensación de estar viviendo en un estado de pausa constante. De este modo entramos en un discurso conformista de que no podemos hacer nada para cambiar el mundo.

La futurofobia viene a decirnos que nunca es el momento para hacer nada, lo que acaba convirtiéndose en una perfecta justificación para el inmovilismo político, cultural, social o sentimental. La futurofobia y el miedo constante generan personas individualistas, muy en línea con el capitalismo moderno, egoístas y centradas en la competencia con los demás.

Como cantamos Biznaga en nuestro último disco: “Dime ¿El futuro era esto? No, no por favor.”

Podemos ser críticos con el futuro, con el pasado y con el presente, pero también serlo con la futurofobia, porque de no ser así podemos instalarnos en una comodidad incapacitante que repercutirá directamente sobre nuestra salud mental. En cierto modo, podemos lavarnos las manos y sufrir las crisis de manera pasiva como si estuviéramos dispuestos a no exigirnos vivir en un mundo mejor, como si fuéramos impermeables con lo que ocurre a nuestro alrededor. Siempre ha habido tragedias, y seguirán ocurriendo, pero precisamente eso es lo que nos tiene que movilizar para cambiar las cosas y no caer en un pesimismo paralizante.

¿Y tú qué opinas de este generalizado miedo al futuro? ¿Eres de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor?