Nueva colaboración para Canal Extremadura.
Hace unos días tuvimos el placer de charlar con la periodista Ainhoa Miguel sobre el sentimiento de vacío. Uno de los síntomas más presentes de los pacientes en consulta en los últimos años.
Cada vez son más las personas que llegan a consulta expresando una extraña sensación, en ocasiones de origen desconocido y que, según sus propias palabras, les empuja hacia abajo impidiéndoles mantener una estabilidad emocional básica.
Un síntoma de la época en la que vivimos, una reacción a esos tiempos acelerados, a la necesidad de validación constante, a la urgencia por vivir todas y cada una de las experiencias posibles que nos ofrece nuestro tiempo.
Enfrentarnos a nuestro daño puede ayudarnos a restaurar el desgaste emocional y liberarnos del bloqueo relacionado con el sentimiento de vacío. En este sentido, curar los traumas del pasado aumenta nuestra capacidad de resiliencia.
Hablamos de uno de los síntomas de nuestra época. Un malestar generalizado, en ocasiones de difícil gestión. En consulta, suele aparecer asociado a otros malestares y sintomatologías. A veces es una sensación de vacío en el estómago o en el pecho, otras veces se presenta como un nudo en la boca del estómago, todo ello acompañado de ansiedad, estados de ánimo alterados, ya sea de naturaleza depresiva o cambiante (cíclica).
El vacío: Un síntoma clínico, desde Freud a la actualidad
El vacío ha sido un concepto central en la reflexión psicológica desde sus orígenes, aunque formulado con lenguajes distintos según la época. En Freud, el vacío aparece ligado a la falta y a la pérdida del objeto: la experiencia de satisfacción nunca se repite plenamente y deja un resto estructural de insatisfacción. El sujeto queda marcado por una carencia constitutiva que organiza el deseo, especialmente visible en la melancolía y en ciertas neurosis.
Con Lacan, el vacío adquiere un estatuto estructural más claro: no es un accidente, sino el efecto del ingreso en el lenguaje. El sujeto se constituye alrededor de un vacío central que ningún objeto puede satisfacer. El deseo no apunta a llenarlo, sino que se sostiene precisamente en esa ausencia. El intento de taponarlo conduce a formas de goce repetitivas y, a menudo, sintomáticas.

En la psicología y la clínica contemporáneas, el vacío se vincula con el malestar subjetivo actual. Sentimientos de insignificancia, desconexión emocional y dificultad para construir sentido. Autores existenciales como Viktor Frankl hablaron del “vacío existencial”, mientras que enfoques actuales lo relacionan con dinámicas sociales de hiperestimulación, consumo y precariedad de los vínculos.
Lejos de ser únicamente un fenómeno teórico, el vacío puede adquirir un carácter profundamente patológico. En la clínica, suele presentarse como un síntoma que genera un sufrimiento intenso y persistente. A veces incluso llegando en algunos casos a volverse francamente insoportable para quien lo padece. Sensaciones de falta de sentido, desconexión emocional o inexistencia subjetiva atraviesan la experiencia de muchos pacientes.
En el trabajo terapéutico, el objetivo no es romantizar el vacío. Se trata de aliviar el malestar que produce, suavizar sus efectos y, cuando es posible, hacerlo desaparecer. Este proceso no siempre es sencillo. Llegar al origen del síntoma implica recorrer trayectorias complejas, ligadas a la historia personal, a las pérdidas y a las modalidades singulares de vínculo.
Sin embargo, abordar el vacío desde su raíz suele ser la vía más sólida y eficaz para una resolución duradera. Solo a partir de este trabajo es posible que aquello que antes se vivía como un agujero devastador pueda transformarse, eventualmente, en un espacio donde se rearticulen el deseo, el sentido y la relación con los otros.
Si quieres escuchar la colaboración haz click en el siguiente enlace: El sentimiento constante de vacío, con el psicólogo Pablo Garnelo.



















