Sentir miedo es una emoción básica que se encarga de activar nuestro cuerpo para huir y protegernos cuando percibimos un posible peligro o amenaza para nuestra integridad. El miedo es un factor clave e imprescindible para la supervivencia, un proceso adaptativo y positivo cuando el peligro al que nos enfrentamos es real. Pero cuando nuestra reacción de miedo es excesiva, desproporcionada, irracional o no puede ser controlada voluntariamente, se convierte en una fobia.

Por lo tanto, cuando hablamos de fobias nos estamos refiriendo a miedos exagerados, irracionales e ilógicos ante determinados estímulos. Se caracterizan por generar una elevada ansiedad ante la presencia o la anticipación del objeto, situación o actividad fóbica, dando lugar a un intenso malestar que puede llegar a convertirse en una limitación o deterioro en la vida personal, social o profesional. De hecho, la guía de consulta de criterios diagnósticos DSM-5 las clasifica como un tipo de trastorno de ansiedad en el que la anticipación de un peligro provoca tensión, aprensión e intranquilidad, que pueden producir problemas para respirar, sudoración excesiva, mareos, náuseas…

Las conductas de evitación originadas a raíz de una fobia pueden ser más o menos incapacitantes: desde poco significativas hasta producir un gran aislamiento. Por suerte, las fobias son uno de los problemas psicológicos que mejores resultados tiene a través de la terapia. Pero debemos tener en cuenta que es necesario contar con ayuda terapéutica profesional lo antes posible. Cuanto antes lo hagas, más pronto conseguirás superar esa fobia que está condicionando distintos aspectos de tu vida.

Signos y síntomas de las fobias.

Como norma general, se podría determinar que el miedo se convierte en fobia cuando presenta los siguientes signos:

Debido a que el principal síntoma de las fobias es la ansiedad, ante un estímulo fóbico se puede sentir gran temor acompañado de taquicardias, escalofríos, sofocos, sudoración, tics, nauseas o incluso llegar sufrir un ataque de pánico. Otros factores comunes son el miedo a perder el control de la situación o la necesidad de salir huyendo. En ausencia de estímulo o pensamientos sobre el mismo, no deberían experimentarse estos síntomas.

¿Qué tipos de fobias hay?

Hay muchos tipos de fobias, pero todas se caracterizan por lo mismo: una elevada ansiedad, pánico y malestar al exponerse o imaginarse en determinadas situaciones que, en sí mismas, no son peligrosas. En la actualidad, el 3,5% de la población española sufre algún tipo de fobia específica. Una cifra cuanto menos reseñable a la que hay que prestar atención.

En general se puede hablar de dos grandes grupos de fobias:

Las fobias sociales tienen como denominador común que nacen del miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas. Algunos ejemplos son las interacciones sociales, por ejemplo mantener una conversación o reunirse con personas extrañas, ser observado o hablar en público. El miedo de fondo de este tipo de fobias suele ser el temor a ser juzgado, a hacer el ridículo o a sentirse humillado o avergonzado.

Las fobias específicas engloban las fobias a situaciones, objetos o seres concretos. Las más comunes de este grupo son las fobias a los animales, a la sangre, al entorno natural y las situaciones, como por ejemplo la fobia a los aviones.

Existen fobias de lo más específico, como por ejemplo la fobia a las plumas:

Según el DSM, algunos de los temores fóbicos más frecuentes son:

Nosofobias: temor a las enfermedades.

Situaciones y elementos de la naturaleza.

Zoofobia: temor a los animales.

Complicaciones de las fobias.

Aunque una persona que tiene una fobia es consciente de que su miedo es irracional y desproporcionado, no puede evitar sentir una reacción física y emocional desbordante, por lo cual tiende a una tomar conducta de evitación. Con el tiempo, esos miedos terminan por generalizarse a otras situaciones, tanto es así que el 75 % de las personas con fobia sienten temor a más de una situación u objeto. Cuantas más situaciones u objetos tema una persona, más deterioro va a presentar en su desempeño profesional y social y menor calidad de vida va a tener.

Por lo tanto, ante la sospecha de la existencia de una fobia es aconsejable contar con ayuda terapéutica profesional. La terapia se encargará de establecer las causas de la posible fobia y de entrenar las habilidades y herramientas lograr superarla y que, de este modo, deje de condicionar nuestro día a día.

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