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Trastornos de la conducta alimentaria.

En España el 10% de las personas tiene desordenes alimenticios. Los problemas de este tipo son cada vez más frecuentes en nuestra sociedad ya que cada vez existe un conflicto mayor con nuestra imagen corporal y nuestro peso. La llegada de la tecnología a nuestra sociedad ha incrementado nuestra exposición y el contacto entre redes de personas por todo el mundo.

Si sufres un problema de alimentación, o conoces a alguien que lo sufra, es probable que hayas buscado mucha información por la web.

Intentaré sintetizar, con validez científica, qué significan este tipo de trastornos:

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria son trastornos psicológicos que conllevan importantes alteraciones en la ingesta de alimentos. Se caracterizan por la gravedad de la sintomatología asociada, la elevada resistencia al tratamiento y el alto riesgo de recaídas, así como un alto grado de comorbilidad o presencia de otros trastornos como abuso de drogas, depresión, falta de habilidades sociales y baja autoestima social y corporal, lo que supone una grave interferencia en el funcionamiento normal de la vida social, de trabajo y de estudio.

Normalmente, la gran mayoría de los trastornos psicológicos suelen ir acompañados de otros trastornos (esto es la comorbilidad antes mencionada) y en muchas ocasiones la presencia de este tipo de trastornos aumentan el riesgo en el futuro de depresión, baja autoestima, problemas en las habilidades sociales, intentos de suicidio, trastornos de ansiedad, abuso de sustancias y en general problemas de salud. Todo ello supone una gran interferencia para el funcionamiento normal de la vida social, laboral y personal de la persona y su entorno.

Existen determinados factores de riesgo, factores precipitantes y mantenedores, fundamentales en el pronóstico y la evolución del tratamiento, a tener en cuenta:

  • Cultura, moda, publicidad y medios de comunicación.
  • Ser mujer y ser joven.
  • Sobrepeso en la pubertad y adolescencia.
  • Familia preocupada por la estética y antecedentes familiares de enfermedad.
  • Grupo de amigos.
  • Personalidad premórbida.
  • Deportes y profesiones de riesgo.
  • Acontecimientos vitales estresantes.
  • Dieta.
  • Factores cognitivos (generalizaciones excesivas, pensamiento dicotómico,…)
  • Afecto negativo.
  • Actitudes familiares o de amigos (reforzadores de conducta)

 

Por ello, ante una situación donde se aprecia alguno de los síntomas o factores de riesgo anteriores debemos convertirnos en nuestro mejor aliado y solicitar ayuda.

Los profesionales de la salud mental tenemos un amplio catálogo de recursos para ayudar a afrontar esas situaciones delicadas poniéndole nombre y apellidos a lo que nos está ocurriendo. Y lo que es más importante, saber de dónde viene, por qué ocurre, y cuándo ocurre.

 

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