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Si has tenido sueños más particulares (por no decir bizarros) estos días,  si los estás recordando de manera más intensa, con mayor viveza de lo habitual, si están apareciendo nuevas criaturas extrañas desconocidas para nuestro imaginario, si el absurdo se ha ido apoderando de tus noches tiene sentido, ya que según los expertos los sueños nos ayudan a procesar mejor nuestras emociones, en especial las negativas, y con la que está cayendo es absolutamente normal que nuestro cerebro trabaje de forma menos habitual y pueda sorprendernos.

Normalmente esto nos ocurre a diario, pero no solemos recordarlo con tanta viveza.

 

=> The Guardian «Is coronavirus stress to blame for the rise in bizarre ‘lockdown dreams’?»

 

Las circunstancias en las que nos encontramos como sociedad, privados de las interacciones por causa mayor, recluidos la mayor parte del tiempo en nuestras casas, y nuestro estado emocional resultado de estas circunstancias, fomentan también la aparición de recuerdos que creíamos olvidados o adormecidos, muchos de ellos de contenido perturbador para nosotros o clasificable como ingrato. Esto puede deberse a que el cerebro trata de simbolizar recuerdos ante emociones fuertes o confusas.

Según un estudio científico, mientras dormimos, los recuerdos se liberan a través del hipocampo y se procesan mediante el neocórtex, que actúa de filtro decidiendo qué perdura y qué no en nuestra memoria. Un tipo de juez que de un modo u otro decide qué olvidar y qué mantener, proyectando la película en nuestro inconsciente.

A medida que los recuerdos pasan por nuestra mente dormida, y en la fase de sueño profundo podemos llegar al absurdo al procesarse todo.

 

=> Scientific american «Is Your Memory Erased While You Sleep?»

 

En definitiva, el aislamiento limita el contenido de nuestros sueños y hace que su contenido pueda ser más abstracto de lo habitual. La ansiedad y la falta de actividad característica de estas últimas semanas también afectan a la calidad de nuestro sueño pudiendo provocarnos parasomnias (despertares frecuentes), que hacen que recordemos todavía mejor lo que soñamos.

Son muchas las teorías al respecto de la interpretación de los sueños. Entre ellas la hipótesis más popular es la creencia de que un sueño repara de algún modo nuestro inconsciente, lo libera, resolviendo una parte de nuestros problemas emocionales. Lamentablemente, la evidencia científica es escasa, pero no dejan de ser un dato a tener en cuenta, muy válido, como reflejo de nuestros recuerdos, vivencias, estados de ánimo, rasgos de personalidad,…

Mirando atrás, históricamente, para Freud, médico neurólogo y psicoanalista austriaco, el sueño solía ser una alucinación cargada de deseos más o menos conscientes; para Jung, psiquiatra y psicólogo suizo, los sueños contribuían  a mantener el equilibrio psíquico del individuo; mientras que para Adler, médico y psicoterapeuta austríaco, cumplían una función de resolución de problemas personales.

Lo que está claro es que los sueños nos permiten integrar nuestras vivencias diarias, como el juego simbólico en los niños y niñas, reflejando nuestros estados internos. Son como un almacenamiento de caché, una información que de una u otra manera permanece en nuestro sistema y sale reflejada mediante los mismos. Por todo ello, ante una situación fuera de lo habitual como la actual crisis sanitaria, es normal que nuestro inconsciente esté también mostrándonos contenidos distintos a lo que estamos acostumbrados. No asustarse.

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